Taxiarchis

La iglesia de Taxiarchis está dedicada a los Arcángeles Miguel y Gabriel. En el pueblo se conocía como la “gran Taxiarchis” para diferenciarla de otra iglesia de Taxiarchis anterior más pequeña que esta, la “vieja Taxiarches”. La iglesia nueva se construyó sobre el terreno que ocupó en su día la torre circular central del castillo, que quedó desierta tras la retirada de los genoveses. Durante la ocupación turca, sus únicos habitantes fueron pájaros nocturnos, cuervos y serpientes. Fue por este motivo que los vecinos, que consideraban a estos animales como criaturas malignas, la tomaron como un símbolo de sumisión y decidieron derrumbarla y construir una iglesia en su lugar.

 

El derribo empezó en 1858 y duró dos años. La construcción de la iglesia se inició justo después y terminó en 1868. En total, las obras duraron diez años y los trabajadores recibieron 3.500 libras de oro a modo de pago. Para aquellos que traían el material desde la capital, el pago era de 120 libras de oro. Además de ellos, muchos otros habitantes del pueblo participaron en la construcción de la iglesia de forma voluntaria. Según las estadísticas el material empleado fue el siguiente: 10.000 quintales de cal (1 quintal, 50 kilos), 163 quintales de acero, 55 de plomo y 60 cargamentos de una piedra especial. El resultado de este trabajo fue la iglesia más grande de Chios y una de las más grandes de Grecia, una obra monumental admirada incluso por quienes participaron en su construcción. Tal acontecimiento social es normal que suscitase la aparición de historias más o menos de acuerdo con la realidad. Una de las historias más trágicas que circulan sobre la construcción de la iglesia es la de un trabajador que fue aplastado por unas rocas durante el derribo. Se dice que esta historia es verídica y que el accidente causó muchas preocupaciones a los habitantes del pueblo ya que, según sus costumbres, no podían fundar un templo en tierra manchada de sangre humana. Vecinos de todas las edades cavaron días y noches para sacar el cuerpo del trabajador hasta que, finalmente, lo encontraron con vida debajo de las rocas. Rebosando alegría y alivio, continuaron con la construcción de la iglesia.

La iglesia tiene una escalera doble en el exterior que lleva hasta la torre del campanario, construida hace tan sólo algunos años. Tanto para la escalera como para la torre se utilizó la piedra amarilla de Thymiana, un pueblo de Chios. Sin embargo, cuando hubo que restaurar los escalones más tarde se utilizó piedra local. En el exterior de la iglesia destacan los dibujos hechos con guijarros blancos y negros; esta técnica es típica de algunas zonas de la isla, y tiene en esta iglesia uno de sus mejores ejemplos. A la derecha del patio, otras escaleras llevan a una zona donde el acceso está sólo permitido a mujeres. En el nártex quedan restos de una torre donde se encontraba la cisterna para el agua, conocida en Mesta como la fountana.

En el interior se ven dos naves laterales y una nave central elevada. Para la construcción del altar se utilizó cemento y un monolito macizo que, según se cuenta, llegó a la iglesia desde Limenas después de toda una noche de trabajo duro para muchos vecinos. Las columnas son también monolíticas y han sido restauradas sin mucha habilidad con argamasa de cal y pintura.

 

Cada una de las naves está dedicada a santos distintos: la nave central está dedicada a los Taxiarchis, la norte, a San Charalambos, y la sur, a uno de los apóstoles. Destaca también un conjunto de iconos y distintos exvotos donación de fieles de todos los rincones del mundo, como por ejemplo vestiduras sacerdotales, iconos o libros de gran importancia histórica traídos de Atenas, Tesalónica, Estados Unidos, Australia, Rusia, Egipto, etc.

 

De todos modos, llama la atención que un pueblo tan pequeño pueda recaudar dinero suficiente para mantener una iglesia de estas dimensiones en tan buenas condiciones. La explicación está en los donativos tanto de los vecinos como de extranjeros, además de un “impuesto” tradicional del pueblo a la iglesia, el “Katathesimo”. Este tributo empezó cuando un vecino sin descendencia donó un campo fértil a la iglesia. Desde entonces, más gente empezó a hacer este tipo de donaciones, y aquellos que no tenían propiedades o que no querían donar sus tierras, prestaban sus servicios de forma voluntaria a modo de katathesimo. Actualmente, es difícil encontrar a alguien en el pueblo que no haya donado tierras, dinero o colaborado con la iglesia.